lunes, 31 de octubre de 2011

La muerte


Caos.
Se dice que, como seres vivos, siempre estamos en caos. Yo pienso que hay mucha verdad en esa idea. Sí, buscamos siempre el orden, intentamos poner un sentido a lo que hacemos. Y sin embargo, ¿qué tanto toma para sacarnos de nuestra burbuja? Un terremoto, un incendio, una inundación nos puede quitar por completo todo control. Es una idea que da miedo, sin duda. Pero ¿qué somos sin el caos? La primera persona en aventurarse y descubrir algo nuevo, ¿no era un caótico? ¿Qué pasaría si nada ni nadie se saliera nunca de la raya? Probablemente viviríamos tranquilos. Pero también viviríamos en un tipo de coma, sin buscar nada en realidad. La única razón por la que buscamos un orden en que hay un desorden del que escapar. ¿Qué pasa si perdemos eso? Un mundo sin desorden, sin mal, sin errores es también un mundo sin orden, sin bien, sin aciertos. La muerte del caos es la muerte de una de las cosas que nos definen como humanos, la muerte del mundo y las ideas que conocemos.
-          Elisa Norzagaray


Felicidad 



Nada parecía haber cambiado. La gente seguía igual que siempre y sin embargo  aquel día, el día de su muerte, no fue un día normal.  Todos sentimos su muerte en algún punto de nuestros corazones pero no quisimos escuchar o, tal vez, teníamos miedo de escuchar. A partir del momento que se hizo pública su caída todos tuvimos que aceptarlo. Nada sería como antes.  Y el miedo nos invadió. Nadie supo cómo pasó pero pasó. Había muerto y no se podía hacer nada. En este mundo, la muerte es inevitable pero aun así, nadie creía que ella pudiera morir. No era justo. No lo era para ella y mucho menos para nosotros. ¿Qué haríamos si no la tuviéramos?  En realidad no había mucho que se pudiera hacer. Honestamente, ¿cuántos de nosotros pudimos en verdad conocerla?  Solo unos cuantos fueron los afortunados en saber, aunque fuera por instante, lo que ella representaba.  Otros, los menos. pudieron tener la dicha de decir: “la conocí un largo tiempo”. Fue tanto el tiempo tan cerca de ella que no lloraban su muerte. La conocieron lo suficiente como para saber que eso no le hubiera gustado. A ella no le gustaban esas cosas. Había gente ahí a la que el conocerla fue tan solo un sueño inconcluso que quedará en el olvido. Soñaban con conocerla algún día, aunque fuera por instante saber qué se sentía estar con ella. Y solo por esa razón asistieron al funeral. Querían ver con sus propios ojos lo que quedó de ella. Querían saber si en realidad fue tan maravillosa como todos les decían.
Yo estaba ahí por compromiso más que por dolor puramente dicho. Honestamente y sin miedo puedo decir que no la conocí mucho. Un par de veces la vi. Estuvo conmigo y fue agradable.  Tenía esa capacidad de hacerte sentir muy bien por unos instantes. Pero ahora que no estaba, ¿qué podíamos hacer? ¿Qué íbamos a hacer? Aunque muchos no la conocieran sabían, o más bien creían, que era necesaria en este mundo, que sin ella la vida de todos nosotros ya no tendría sentido. Sin felicidad, ¿qué podíamos hacer? ¿Quién nos iba a hacer felices? Ella era como la meca de todo ser humano; una vez en la vida tendrían que conocerla, que sentirla. Pero yo no lo veo así. Si ella no está ¿qué pasa? Nada.
La gente. Las cosas. Mueren todos los días. Ninguna muerte es más que otra. Y eso se nos olvida.  Si ella murió no cambia nada. Ella no es lo único importante en nuestras vidas. Si hay tantos que no la conocieron y han estado bien. Si existimos otros que solo la vimos un par de veces y estamos bien. Si hay otros que la tuvieron muy cerca y están bien. ¿Qué pasa? Nada.  Nos quedan otras cosas. La felicidad murió y es algo triste. Pero la muerte sucede todos los días y no podemos hacer nada al respecto. Felicidad murió pero no con ella nuestra esperanza ¿o no?
-          Bree Guerra


 Honestidad


         ¿Qué hay en el ataúd? ¿Qué es realmente lo que murió? No vivimos en un mundo donde todos nos pasamos siendo honestos, diciendo la verdad y solo la verdad. Así que quizás, solo quizás, no cambiaría del todo.
         Pero esa mínima parte, la parte donde se encuentra la verdad, es lo que nos mueve, ¿no? Tú, yo, él, ella, seguimos adelante en búsqueda de una verdad, la que sea. Si no hubiera, entonces viviríamos sin anhelar nada porque todo es mentira, ¿y quién quiere que su vida sea una mentira?
         O sería un mundo sin movimiento, todo estaría detenido.
         De todos modos, hay muchísimas verdades, todas distintas: mi verdad, tu verdad, su verdad.
         La muerte de la honestidad. Suena muy curioso ahora que lo pienso. ¿Cómo sería el mundo si solo pudiéramos mentir?
         Entonces, si muere, ¿qué nos queda? ¿Un montón de palabras falsas que buscan el bien solo de uno mismo?
-          Joel Villalobos


Satisfacción



Su satisfacción no tenía límite. Por última vez lo dejaría sentirla y disfrutarla. Tenía ganas de que la caída del trono del reino de James fuera dolorosa, que cuando cayera pudiera romperse todos los huesos.
Sentía ansias, una sonrisa tan completamente macabra que asustaría a cualquiera. El alma más fuerte, llena de heridas lloraría. Así es como James se sentía, mas él no quería darle nombre, no quería tener el mismo sentimiento que el del “enemigo, así es como él le llamaba. Todo lo que James próximamente sentiría, según él, sería vergüenza. Huirá y no volverá a aparecer, porque la muerte no venía por un deber, venía para divertirse, venía a reír y hacer sonar sus huesos llenos de lamentos ajenos y su hoz llena de sangre. Ahora él, que sentimientos no podía tener, sentía satisfacción, la segunda vez que tiene un sentimiento, rió pero no por diversión más bien de ironía, no lo sabía, solo quería que la satisfacción de James cayera, se hundiera. Le repudiaba nada más verle la sonrisa, jamás tuvo un sentimiento así a una persona. Por Dios, Satán y todo ser sobrenatural, ¡cómo quería llevarse a James al infiero o a lo más lejos posible de lo que él más quería!.
-          Daniela Montoya Barraza


Alegría



Vi a la pobre mujer vestida de rosa chillón llorando desconsolada, sujetando su pañuelo de seda y supe que algo no iba bien. Entré de lleno al lugar y me di cuenta de que había globos con caritas felices y una que otra mesa llena de regalos.

-Mamá, tengo miedo-le susurré, apretando su mano contra mi pecho.

-¡Shh!-me regañó-. Imprudente es tu segundo nombre. Estamos en un funeral, mi amor. Guarda silencio.

-¿Por qué? Todos están vestidos como para el carnaval…-enarqué una ceja con incredulidad.

-Murió una de tus mejores amigas-me dijo, con un tono indescifrable que me hizo sentir un escalofrío.

Alegría había dejado el mundo. Se había ido. Ya no estaba. “Se nos adelantó” habría dicho mi abuela.

Todo tenía sentido en ese momento: La señora vestida de arcoíris con los ojos rojos e hinchados, el bebé que no dejaba de llorar y el pequeño niño vestido de gris con una mueca en su cara parecida a un intento de sonrisa.  Medité tres segundos y resoplé, caminando por el lugar tan concurrido. Nunca antes me había sentido así: Inseguro o… así, no podía explicar que hueco que abrasaba mi pecho y me orillaba a respirar de forma entrecortada.

No más sonrisas, no más risotadas, no más bromas, no más de Alegría.  Aunque a veces me gustaba jugar al rebelde y decía que estaba enojado. Iba a extrañarla.

-          Karla Torres 


habicho﷽﷽﷽lantstaba. "habb-me dijo, con un tono indescrifrable que me hizo sentir un escalofri
Amor



Ha muerto, el amor ha muerto dejándonos a todos en un mundo lleno de melancolía y llanto. El amor que se ha ido, es el amor muere y solo nos deja un vacío en el pecho, la cabeza llena de recuerdos y los ojos llenos de lágrimas.
Se extraña al amor cuando muere, pero en realidad nunca lo hace, queda tan vivo como un parásito que va consumiendo lo que queda de la alegría. Y a esos amores hay que matarlos.
Hay amores que deseamos nunca mueran, hay amores que mueren lento y los hay que mueren rápido. Pero qué es ahora de ese amor que murió, el amor que juramos sería inmortal y ahora solo vive en mi recuerdo. Es un amor que muere despacio mientras tenga vida, un amor que vive consumiendo pizca a pizca mi alma, que se nutre con mis lágrimas y extraña tu presencia.
Se muere el amor y un poco de mí con él. Se va y deja un vacío y la insaciable necesidad de llenarlo. Quisiera saber si es el amor quien ha muerto, o es la fe que le tengo. Si es el amor quien ha muerto, le llevaría flores si supiera en que parte de mi quedó el cadáver. 



-          Alan Romero Diezmartínez



Belleza



Todos te van a extrañar. Y yo sé quiénes te van a extrañar aún más: los ojos de aquellos que aprecian la belleza humana. No solamente los hombres, sino las mujeres también. No porque los hombres estén encasillados en ese concepto haremos a un lado a las mujeres. ¿Qué será de esos bellos paisajes y esos atardeceres placenteros? Pero, he aquí una gran ventaja: la belleza es según desde el ojo de quien ve, entonces, Ella nunca desaparecerá. Siempre cualquier objeto puede ser peculiar, con algún toque especial. Habrá un nuevo oficio: “el buscador de belleza”. Una página que busque la belleza en todo lo que se nos ponga enfrente y, atención, otro punto a favor: Tendremos que apreciar aquello que tenemos en el olvido, es decir, la belleza externa. Porque –cabe aclarar- no todo es exterior. Bien nos podemos volver ciegos. También el concepto de subjetividad se hará presente. Todo será tan subjetivo que parecerá hermoso. Limpia tus pupilas y aclara tus sentimientos que, a partir de hoy, todo será diferente. Ciertos consejos aparecerán cuando la muerte de la belleza sea anunciada. La humanidad sufrirá un shock, pero nada irá mal: unas gafas de verdad nos sentarán bien.
-          Andrea Gámez


Horror



Si me preguntan qué desearía que muriera, contestaría que nada. No le deseo el mal ni la muerte a nadie, no soy quién para juzgarlos. Pero si me preguntas qué pasaría si se muriera el horror, bueno esa es una pregunta interesante para responder. Si se muriera el horror, ya no existirían los miedos arraigados, ya no existirían las fobias. No existirían las leyendas, los mitos ni las películas que dan horror. Este sentimiento es más fuerte que el terror, el terror asusta, te enloquece, hace que cada una de las células de tu cuerpo, se pongan alertas. El terror hace que vibres, que llores, que sufras. El horror hace que llores más fuerte, hace que enfrentes tus mayores miedos y busques cómo sobrevivirlos. Si se muriera el horror se morirían esos sentimientos de fobia y susto que todos experimentamos. El horror podrá morir pero dejará en su lugar al terror, el horror podría dejar de existir pero dejaría en su lugar a la duda, el horror podría morir y dejaría cientos de cosas, como él.
¿Qué se sentirá?,  ¿Qué pasará?, dejaría atrás cientos y miles de sentimientos, pero peor aún, si el horror muriera siempre dejará detrás de sí a la duda, porque el horror es la duda del qué pasará, la pregunta que muy pocos responden. El horror es la valentía del valiente y el amor del amoroso. El horror es la otra cara de la felicidad.
-          Maricela Rosas Angulo


 Angustia



¡La angustia ha muerto! ¡Qué feliz mi vida!
Eso soñaba que despertaría diciendo algún día. ¿Te imaginas? La angustia muerta ¡viva la alegría! Y sin angustia los tontos felices llenan las calles, y sin angustia que los frene, todos a cometer tropelías. Nada que te angustie, eres Superman. Asaltar al vecino, molestar a la gente o lanzarse de un puente, ¡qué más da!
La esperanza lo conquista todo y cometemos estupideces sin ton ni son. Quién lo diría, que en mi mente la angustia estuviera asociada con el buen juicio y que sin ella de por medio se perdiera el juicio. Se callan las voces que dudan, las voces que sufren por lo que no puede ser. Pero se pierde el realismo, la responsabilidad, la sensación de que hay que ir más despacio porque mañana hay que pagar.
Mueres angustia y contigo muere la verdadera alegría, la dicha de saber que alcanzas lo que trabajas y que no solo te avientas al mundo cual caballo desbocado. Se pierden los logros porque no hay ese punto negro en mitad del océano blanco, que repone el balance, que recrea el equilibrio.
-          Georgina González Mendívil

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La Historia de Nicolas


Mensaje en la botella
Cuento colaborativo


                Indio era una calmada ciudad del estado de California. Esta pequeña población prefería ser conservadora y no había mucho que contar. Los jóvenes tenían aficiones sanas donde no involucraban drogas, armas o peleas callejeras. Había pocas preparatorias, pues la mayoría no terminaba todos sus estudios y prefería ayudarle a sus padres en las labores de sus granjas. Nicolás Smith sí terminó la preparatoria y tuvo el privilegio de decir el discurso de su pequeña generación. Él era un muchacho menudo, de complexión delgada, inteligente y su carisma impactaba a tal grado que cuando él hablaba todos querían escuchar. No tenía problemas con nadie y todos lo apreciaban aunque fuera un muchacho algo tímido. Sus pasatiempos favoritos eran leer y oler cosas agradables. Por eso disfrutaba ir a la playa para sentir el aroma de la brisa y la espuma del mar. Nick sabía que su ciudad era muy pequeña para él, así que no dudó en aceptar la beca a la universidad de San Diego por su increíble inteligencia. Al terminar el verano se dirigió ahí con prisa.

***
Al bajar del carro en mi nuevo hogar en San Diego, bajé con la pierna izquierda sin querer. La sonrisa no me cabía en el rostro. Todo iba bien, puse mi reloj de Tom Sawyer en la pared, me había relacionado bien con los vecinos y el cielo estaba claro con el sol resplandeciente. En la noche me dormí más tarde de lo usual, giraba en la cama, miraba la pared, mi mente viajaba de números a clases, de clases a libros y de libros a amigos, daba un recorrido largo a la época de mi noviazgo, me quedaba en esos tiempos y por lo general ahí me duermo, en el regazo de esa…  que tanto me hizo sufrir. Pero ahora me quedé despierto, así que comencé a contar borregos, que se convertían en antílopes y venían en estampida hacía mí. Mi cuarto se oscurecía, me tapaba silenciosamente con la sábana, pero ni de loco me iba con mi padre. El miedo no iba a acabar conmigo.
¡BIP! ¡BIP! ¡BIP!
¡Ah! Hoy comienzo mis clases, Son las ¡6:50 de la mañana! ¡Maldición!
Entré a la escuela con la misma sonrisa de ayer, que fue siendo derribada poco a poco por bombardeos de chismes, armas de papel y empujones de tipos musculosos con su camisetita de futbol y miradas punzo cortantes que querían verme frágil e indefenso.
Lo lograron.
Una vez arrebatada mi sonrisa de la cara, fui presentado ante el grupo, mi profesor me hizo el favor de presentarme como Ni...colás, gracias profesor, me regaló el apodo colas, que se convirtió en el diarrea y luego en el inodoro, el apestoso, el orejas calientes y el mariquita (no supe cómo llegamos a este último)
-Orejas calientes ¿Qué hay de tarea?
- No me llamo así
-¡Oigan todos! A orejas calientes no le gusta que le digan orejas calientes, creo que al orejas calientes hay que decirle como le gusta. ¿Cómo te gusta que te digan orejas calientes?
-Por mi nombre, Nicolás Smith
-¿Escuché bien orejas calientes? Parece que te gusta que te digan ¡Pedazo de mierda! Creo que no tienes claras las reglas de aquí. Mira Nicolasito, no sé cómo sean las cosas de donde vienes, pero en esta universidad[CESA1]  te quedas con el apodo que te ponen, es un honor y te tienes que sentir orgulloso de ello, a menos que quieras acabar como Fínster.
-¿Quién es Finster?
-No quieres saber quién es Finster
- Otras voces - ¡La escuela se desintegra! - No preguntes quién es, por favor - William, ¡ni se te ocurra decirle quién es! Nos lo prohibieron, no sé por qué mencionaste su nombre - una voz lejana - A mí me dijeron lo de Finster y no dormí por una semana- ¡Finster no!- ¡La escuela se desintegra!
-Mira orejas calientes, lo de Finster con suerte no lo sabrás nunca.
Un empujón y se va.
-¡Vaya William! ¿cuántas bolas tienes?
-¿Dijiste algo? No puedo escuchar con la peste que hay aquí ¡inodoro!
-¡Que cuántas bolas tienes!
-¡Ah!, sí hablaste, si querías que te dijera mariquita, me hubieras dicho.
               
Acabó el día escolar y lo demás fue parecido pero no empeoró más que la vez que supe lo de Finster. Era como si una nube gris me siguiera, el cielo claro había desaparecido. Vigilado todo el tiempo, admirado nunca. No admiraban cerebritos en la universidad y tenías que sentirte orgulloso de eso.
***
Era su primera entrevista de trabajo. Estaba en un restaurante con personas importantes, tenía que dejar una buena impresión si quería el empleo, y ¡vaya que lo quería!, pero estaba muerto de nervios y las cosas no estaban saliendo bien. Atinó a pedir unos minutos para tomar aire. Tenía que calmarse. Salió al jardín del restaurante, había mesas dispersas por aquí y por allá. Comenzó a dar unos pasos, quizá el moverse un poco y el cambio de ambiente lo ayudarían a relajarse. Nada. Estaba por regresar a donde la entrevista cuando un sonido lo detuvo. Buscó la fuente del sonido y fue entonces cuando la vio a ella. La joven estaba sola, como absorta en un mundo lejano, creando música con su copa de agua. No pudo evitar mirarla y ella, como si hubiera sentido el peso de su mirada, lentamente voltea y le sonríe como si de un conocido se tratase. Fue su primer encuentro, él regresó a su mesa y las cosas comenzaron a marchar mejor como si ella le hubiese hechizado con su sonrisa. Los nervios se acabaron con su recuerdo.

Por días él regresó al restaurante, esperando volver a verla, sin suerte alguna. Hasta que un día el tan esperado encuentro sucedió. Había practicado la escena muchas veces en su mente, había ensayado diferentes conversaciones, diferentes gestos, había planeado una larga lista de temas de conversación para evitar incómodos silencios. En su mente él era sagaz e interesante, pero ahora que la muchacha estaba justo frente a él, no supo qué decir ni cómo actuar. Por fortuna, sus piernas automáticamente se movieron y él acabó sentado en la mesa de ella, sus labios, muy al contrario de sus piernas, no ejercieron la función esperada, permanecieron cerrados. No hubo problemas, porque ella comenzó la conversación, como si lo hubiera estado esperando.

Poco tiempo después Nicolás recibió la noticia de que había conseguido el empleo por el que había aplicado aquella noche en el restaurante. Se sentía renovado, parecía que la nube gris por fin había escogido a otra víctima y lo había dejado tranquilo. Con esta motivación, ascendió rápidamente en su trabajo, se convirtió en uno de los mejores, tanto que ahora él era quien hacía sentir nerviosos a los postulantes en las entrevistas. El dinero ya no era un problema. Y las cosas con ella, con Elena, iban de las mil maravillas. Todo era perfecto. Cuando salían, los dos resaltaban de entre las personas y las personas los envidiaban, deseaban una relación como la de ellos. Si todo iba tan bien por qué no formalizar las cosas.

Por días y noches Nicolás pensó cómo formularía esa pregunta, la pregunta. ¿Cómo hacerlo? Tenía que ser perfecto, tan perfecto como la sonrisa de ella. Nicolás sabía que mientras viviera jamás podría olvidar el momento en el que sus miradas se encontraron por primera vez. Ella había salvado su alma, reivindicándolo, poniéndolo en el buen camino. Y ahora ya no la podría soltar, tal vez por miedo a que si lo hacía, él volvería a estar tan perdido y tan solo como en aquellos días donde sólo eran él y la triste sombra de la nube gris.

Nicolás decidió que el mejor sitio para expresar la pregunta era el lugar donde su suerte cambió. Hizo la reservación en “Le jardín du hereux”... Y todo fue un éxito: ella dijo que sí. Comenzaron los preparativos para la boda. La fecha llegó. La ceremonia se llevó a cabo con todo el esplendor que su posición le brindaba. Fue una boda para recordar.

La vida de casados fue una extensión de su felicidad, el tiempo no pasaba de la misma forma. Por eso no supo bien cuándo fue que aquella tarde, ella le dedicara la sonrisa más grande y radiante, si es que eso fuera posible, y él supo, ¡oh sí!, que algo iba a cambiar. Su felicidad alcanzaría la plenitud. Los meses pasaron y el pequeño Sebastián nació. Cuando lo tuvo en sus brazos, nunca pensó que su corazón podría querer tanto a algo tan pequeño y tan frágil. Y bendita la genética porque el niño nació con los ojos de su madre. Ese niño iba a ser su nueva razón de ser, le quería dar todo para que nunca tuviera que pasar por la misma soledad que él. Si en el pasado había tenido alegrías, su futuro prometía un costal lleno de cosas buenas.

***
Al parecer, en un principio todo fluía parsimoniosamente. La bolsa de valores no era tan estresante como muchos decían. Comencé a creer que mi vida era perfecta. Tal vez ése fue mi mayor error. Elena y Sebastián reclamaban atención y yo no se las daba. Mis manos parecían ser tan grandes, tan torpes para el trabajo. Los clips y los lápices se derretían en ellas. Se hinchaban a cierta hora del día. Esto hacía que mi labor se retrasara y mi trabajo no se trataba de cumplir un cierto horario sino de cumplir metas, mismas que cada vez parecían estar más lejos del alcance de mis hinchadas manos. Era como si el estrés y el desespero se acumulaban en mis manos pero no cedían. Luego mi cabeza comenzó, también, a sentir los mismos efectos que resultaron en una situación fatal. Antes del terrible suceso, las cosas explotaron en casa igualmente que en el trabajo y con los amigos. Empecé a notar que, probablemente, no era yo el centro del universo así como me lo habían hecho creer en el pasado.
                Sebastián estaba enfermo, cosa que asombrosamente no me mortificó tanto. Elena me pidió que fuera a la farmacia. Me negué. Mi cerebro aturdido de tanto pensar en por qué la vida se me descarrilaba tan vorazmente, hizo que aflorara mi egoísmo podrido.
La temperatura le aumentaba. Elena lo bañó y le puso paños húmedos. Era tarde como para ir al médico y pensé que el problema del niño no era tan grande como para ir a urgencias. En un estado de duermevela, creía escuchar gritos que no sabía si provenían de Sebastián o Elena. De repente, sentí que alguien o algo se había acostado a un lado de mí, como un peso extra en el colchón además del mío. Elena me gritaba en la cara. Sebastián había convulsionado y muerto. Adiós matrimonio. Bienvenida depresión. Hasta nunca carrera profesional. Todo en orden secuencial. No sé cómo fue que perdí mi propio rumbo ni en qué momento. Sólo sé que ya no lo tengo. Al parecer, mi amiga incondicional, la nube gris, había vuelto a mi lado.
Sentía que necesitaba escapar de este mundo, huir de la faz de la tierra, desaparecer y exiliarme. No quería volver.  Siempre estuvo este lugar, al que siempre quise ir, con el que siempre soñé. Un lugar sin fronteras, sin conflictos, tres veces más grande que el mismo suelo, o eso escuché. Un lugar perfecto. Necesitaba un ambiente diferente, sentir la brisa en mi rostro y buscarme a mí mismo, o lo que quedaba de mí, mientras surcaba la inmensidad del océano.
Sabía que el abismo del mar no me devolvería a mi esposa. Sabía que no pondría a mi hijo de nuevo a correr, pero de momento, ésta era la respuesta, mi respuesta. Necesitaría un barco, no uno grande, sólo uno fiel. El Scarlett sería mi compañero, en el Scarlett pasaría incontables horas y viajaría de punta a punta. El Scarlett sería mi barco y me perdería en el horizonte.
***
Perseguido por sus recuerdos, Nicolás se vio obligado a dejar todo atrás. Abrió el armario,  tomó el uniforme de marinero de su padre y recordó su partida. Él tenía sólo 12 años y las lágrimas parecían volver. En un vano intento, cerró los ojos para contenerlas y sin desearlo revivió aquel momento: su madre contenía las lágrimas por dentro, ya que había prometido no llorar, y su padre le entregaba a él su más preciada posesión, una brújula plateada. Aún sin saber el valor de ésta, el niño se llenó de alegría, esperanzado de que su padre volviera de aquel viaje. En ese instante Nicolás volvió a la realidad y se miró en el espejo con el uniforme de su padre. Le quedaba perfectamente. Como si de un impulso se tratase, metió la mano en el bolsillo derecho y al hacer contacto con el objeto no lo pudo creer: era la misma brújula que le entregó su padre, oxidada y cubierta de polvo por supuesto. Había olvidado su procedencia, pero de alguna forma volvió a él, como lo hubiera deseado con su padre. ¡Es una señal!, pensó con cierta curiosidad. Se detuvo por un momento a analizar lo que había pasado pero no había nada qué pensar. Se encontró vestido de marinero, con una brújula oxidada y un recuerdo de su padre. Era oficial, debía seguir la brújula como el marinero que su héroe alguna vez fue. La tomó y observó su aguja, estaba detenida. Era el signo final: a donde apuntara, a donde lo guiara, era donde debía ir. Salió ese día prófugo de su pasado y llegó a un viejo puerto donde un barco estaba a punto de partir. Con su impecable traje pasó desapercibido. Aún así, su inexperiencia como marinero evidenciaba su identidad. Trató de evitar contacto con el resto de la tripulación y al mismo tiempo pensó en qué podía hacer alguien tan desdichado como él. Sin dirección alguna, el humo lo guió hacia la sala de calderas. Ahí conoció a Gerardo, un hombre entrado en años que había dedicado gran parte de su vida a quemar carbón.
- ¿Qué te trae aquí?, preguntó Gerardo consternado.
Nicolás lo ignoró pero de inmediato supo que ésa sería su vocación. Gerardo le explicó que todos los que trabajaban en las calderas no lo hacían por gusto, sino por pagar las cuentas. Nicolás estaba más seguro que nunca, su conciencia tenía muchas deudas que saldar. Así, Nicolás se volvió un obrero más en un barco más.
Con la barba crecida, Nicolás había perdido la noción del tiempo. No había salido de la sala de calderas desde el día de su llegada y pensó nunca hacerlo de no ser por el fuerte temblor que invadió la habitación. Intrigado, decidió salir a la cubierta por primera vez. Al salir una fuerte brisa lo apresó. Rodeado por un túmulo de marineros ebrios, reconoció por su expresión que algo terrible había pasado. Volteó y presenció cómo el barco comenzó a hundirse. Los marineros, al no poder, ni querer hacer nada, siguieron celebrando como si fuera la fiesta del fin. El sonido de los metales lo ensordecía, la gente gritaba y la confusión lo invadió. Nicolás empezó a correr. Lo único que le importaba era salvarse. De repente se resbaló en uno de los tantos charcos de alcohol que amenizaban la fiesta. Ahí quedó inconsciente, tirado en el centro de la cubierta y rodeado por locos. Dejó de pensar por primera vez y se fue liberando lentamente. Abrió los ojos y el barco había desaparecido. Ahora estaba en una isla.

***
Me desperté y lo primero que vi y sentí fueron los montones de arena que cubrían mi cuerpo. Me di cuenta que estaba sólo acompañado por un mar infinito y una tierra desconocida. Empecé a recordar cómo la tempestad comenzó a arrastrar el barco. La tripulación ebria y enloquecida por la adrenalina y el alcohol sólo se dejó llevar. De pronto el viento tomó el timón y el capitán fue arrojado por el trueno y secuestrado por la profundidad del mar. Alguien debió haber llegado conmigo, quizás alguien esté vivo, quizás todos estén muertos o tal vez decidieron hacerme una broma pesada. Me dejaron aquí solo, mientras ellos disfrutaban los desnudos senos de las hijas de Tritón.
Por tres días enteros recorrí la isla sin encontrar rastro alguno de los marineros. Sin embargo, alcancé a vislumbrar una choza en la isla vecina. La casita me recordó la ocasión en la que llevé a Sebastián de excursión al lago Michigan. Recordé todo el trabajo que tenía ese fin de semana igual que todos los demás. Fue el único fin de semana en que dejé todo medio de comunicación en casa. Hasta ese día no había conocido la sonrisa de mi hijo y mientras veíamos juntos el atardecer me preguntaba:
-Papá, ¿por qué trabajas tanto?
-Para poder darte una buena vida - le respondí.
-¿Y qué es una buena vida? – cuestionó de pronto.
-Pues – vacilé un poco- la vida que tienes, las clases que tomas, la escuela a la que vas, la ropa que usas, la gente con la que te relacionas – respondí en un hilo de voz.
-¿Y de qué me sirve todo eso si no puedo estar contigo? – preguntó.
En ese momento volteé la mirada y recordé que todo eso era parte de un error del pasado. Mi hijo era lo que más extrañaba de la civilización aunque él ya no formara parte de ella. Recordar a mi hijo me llevó a pensar en mis padres. Mi mamá, ¿estará bien ella?, ¿mi papá se habrá recuperado? Mi casa, mi escuela, la vieja choza también me recordó a mi época de escuela, el día de la graduación vistiendo la toga amarilla y a mi madre diciendo que lo más importante debía ser la felicidad de los míos, que si ellos eran felices yo sería feliz y en eso me enfoqué o eso creía. Los llené de cosas materiales pero no pasaba mucho tiempo con ellos. A decir verdad, no lo hacía, por eso pasó lo de Sebastián, por eso me subí a ese barco y por eso llegué a esta isla, por un concepto de felicidad cubierto por la neblina.

Me desperté dentro de la cabaña que habíamos construido, ahí estaba todo lo que habíamos rescatado de cuando íbamos a la orilla a ver si algo venía. Estaba lleno de hojas de papel, un kit de primeros auxilios, unos cuantos lápices y gracias al cielo, nos llegó como un milagro una de las cajas de vino. Estaba solo, no encontraba a la tripulación y no sabía cómo iba a salir de este lugar. Se fueron un día y no volvieron.  Pudieron haberse perdido más, si era posible, o tal vez encontraron a alguien y huyeron… ¡Malditos bastardos! Mi única esperanza era que alguien me encontrara. Pero cómo podía alguien encontrarme si no tenía idea de dónde estaba, mucho menos si existía…o si existí. Así que me decidí por uno de los métodos más antiguos de la historia, una carta en una botella. Tomé una hoja de papel, uno de los lápices y comencé a redactar la aventura.
        “Decidí volverme marinero cuando mi vida se destruyó, esto se suponía que me haría olvidar, lo había visto en películas cuando era joven y talentoso…porque yo era grandioso. Todos querían ser como yo, y estaba consciente de ello. Pero esto no se trata de mis buenos tiempos. Ahora estoy en una isla, las últimas coordenadas de las que supe fueron cerca de Oceanía. De ahí nos perdimos. La corriente nos llevó hacia el Este. Por favor si encuentras esta carta, intenta contestarla o encontrarme. Te lo agradeceré de todo corazón.
Nicholas Smith”
Eso fue hace ya casi un año. Sigo esperando una respuesta. Las olas vienen y van, el aire me golpea a veces en la cara, las frutas crecen y crecen. Ya era rutina voltear a ver el mar todo el día. Ya imaginaba el sonido de los barcos que venían a rescatarme. En un abrir y cerrar de ojos, vi un objeto brillante en la orilla… ¡Una botella! Pensé yo. Corrí hacia ella y cuando llegué  y tomé el objeto no era una botella, era una brújula plateada algo oxidada… ¡Mi brújula plateada! ¡Cómo olvidarla! ¿Cómo habría llegado hasta ahí? Pero eso no iba a terminar con mi esperanza… había sobrevivido ya bastante tiempo aquí. Esa nube gris, al parecer, me había dejado en paz. Volteé hacia el horizonte una última vez antes de irme a dormir. Listo para soñar con mi rescate, que algún día…llegaría.


Escrito por los miembros del Taller de Creación Literaria.
Agradecemos la colaboración de Maricruz Castañeda, Miriam Moya, Aranzazú Payán, Gabino Aldana y Cristhopper Armenta quienes de alguna u otra forma contribuyeron también a la elaboración de esta historia.

sábado, 30 de abril de 2011

Niños de corazón

El gato perseguirá al ratón

Descripción: http://cartoon.juegos100.es/images/tom-and-jerry-1.jpgEstá otra vez el ingenuo intentando ganarle al más pequeño. ¡Qué tristeza!, días y días de intento no le han enseñado nada. Ha tropezado, ha fallado, se ha lastimado infinidad de veces y aun así no aprende de sus errores. Pobre de él, tendrá que seguir y seguir intentando, hasta que por alguna razón en un futuro, al parecer muy lejano, él pueda ganarle al pequeño. Mientras el pequeño ¿qué? En realidad nada, no tiene muchas cosas de las cuales preocuparse. Sabe que el grande no le ganará. Tom, pobre Tom, daba lástima pensar que él de verdad creía que atraparía a Jerry. Pero no, él está equivocado. Aún así, ahí está otra vez intentando ganarle, intentando atraparlo para demostrar que es un buen animal. El ingenuo, el gato ingenuo, se lo ha ganado, no ha sabido aprovechar sus oportunidades para vencer al pequeño ratón, pequeño escurridizo que ha sabido salir vencedor. Intento, tras intento ha luchado para defenderse y lo ha logrado. Su vida se ha tornado aburrida, porque sabe que al día siguiente el gato intentará atraparlo otra vez… No lo logrará porque siempre, como de alguna manera ha estado escrito, el gato perseguirá al ratón.

Maricela Rosas Angulo

“Cada gran aventura debe sentirse como la ultima” (G W)

“¿SÚPER ALGUACIL? NO, SOY MÁS QUE ESO, A MI NO ME AFECTA LA KRIPTONITA”

El Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\supermanvaquero.jpgatardecer empezaba en Smallville y él, aquel de la mirada valiente y decidida, aquel que le daba a la manzana a más de diez pasos de distancia, estaba listo para recibirlo. No por nada había nacido y crecido en el sur. Y esperaba con ansia a que el pequeño pueblo abriera paso a su vida nocturna, a que el bar abriera con su entretenimiento de “finas” bailarinas de cabaret y sus cervezas de jarra. Tenía un ansia de ver las luces brillantes y encendidas llamándolo, pero sobre todo tenía ansia de la mirada de Luisa, esa mesera que tenía la gracia, la sonrisa carismática y el cuerpo de una clásica dama sureña. Lo que solo él en el pueblo sabía, y cuidaría ese secreto siempre más que a sus botas, su sombrero, su fiel caballo e inclusive más que su estrella de sheriff reluciente, era que la bella Luisa era yankee. ¡Oh sí!, si alguien más se enteraba sería un gran problema. Los pertenecientes a los estados del norte no eran bien recibidos, y menos con una guerra en el aire. Ese secreto, compartido en la intimidad, era la mancha en el respetado alguacil, y éste no tenía contemplado lavarla, porque, bueno… porque Luisa era especial. Y pensaba en esto cuando Jimmy Olsen, su fiel ayudante (muchacho torpe pero al fin y al cabo ayudante) se acercó a él corriendo, con el cabello pelirrojo alborotado y la cara consternada.

-¡Alguacil Kent, un bandolero, un bandolero ha atacado cerca de Smallville!

Clark sonrió, no por nada era “el hombre de acero”.

- Aranza Payán

El detective de Gótica

Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\mkvsdcu_gotham_rooftop.jpg

He visto cosas en mi vida, cosas inimaginables, cosas que los hombres comunes no deberían de ver… solo los dioses, dioses que defienden lo que es justo y noble y que cada día ponen en peligro su vida por las masas sin rostro. Yo no soy como estos “dioses” de, los cuales hablo. Varias personas pensarán que lo soy, pero no es así. Yo soy simple carne y hueso esperando a ser ceniza, mientras que ellos son leyendas vivas. Lo que tocan se hace mito, ya sea un tumba vacía o algún uniforme colorido. No merezco ser catalogado en la misma liga que ellos. No soy apto, pero ellos así lo decidieron. Se dejaron llevar por lo que represento, por lo que enfrento cada día. Para ellos yo soy como uno de los suyos, un dios enmascarado capaz de hacer lo imposible. Pero detrás de esta mascara, sin esta capucha y capa, yo solo soy como cualquier persona, esperando a ser ceniza.

- Gerardo Salomón Abitia



Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\tomtrampacazaratones.jpgPrimer paso, pensar en la historia.

Segundo paso, inventar los personajes.

Tercer paso, dibujar los personajes recién inventados.

Cuarto paso, editarlo.

Quinto paso, revisión general e impresión.

Así empezó mi carrera. Con mi sueño más grande. Siempre quise escribir y dibujar historietas y cómics. Me sobraba imaginación y habilidad de dibujar la tenía. Todos mis cuadernos estaban repletos de dibujos geniales. Incluso, por el verano, decidí trabajar como interno en una imprenta donde se producían historietas como la Liga de la justicia, Spiderman, Wolverine, etc… Me encantaba leerlos y releerlos. Mis mesadas enteras se iban al tomo quincenal. El personaje que más me gustaba era Batman porque, por algún motivo, me identificaba con él: Un muchacho solitario, sin amigos, sin padres. Nada más que la oscuridad para acompañarte, los demonios de mi pasado persiguiéndome siempre y no me dejaban en paz ni un segundo. Así empezó mi pasión por los cómics. Leí uno y ya no pude parar. Se volvieron mi adicción… Un mundo fantástico al cual huir cuando no supiera dónde ir, ni cuál era mi destino. Pero algún día lo encontraré yo también, de eso estoy seguro.

-Constanza Duarte

Héroes

Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\toalla superheroe.jpg

Ciudad Miró, mi misión protegerla de aquellos que se atrevan a atentar contra ella. Mis armas son la verdad y la justicia y súper fuerza también. El día antes de ayer tuve que salvarla de un perro gigante que quería destruir el parque. Fue una pelea de varias horas. Terminé lleno de tierra, pero al final gané. El día de ayer fui encerrado en una prisión llamada "esquina de castigo" pero logré escapar cuando el guardia no prestaba atención. Al final me cacharon y fui obligado a comer mi única debilidad ¡BROCOLI! pero sobreviví. Ser un héroe en esta ciudad es muy difícil y cansado, mis poderes tienen que ser renovados todas las noches cuando se mete el sol. No sin antes ver como lo hacen mis demás compañeros de la justicia en la caja de comunicaciones que llaman televisión. Me encanta ver como mis compañeros defienden sus ciudades, así como yo defiendo la mía día con día.

- Alan Michel Romero Diez Martínez


Invisible

Me escondo de la gente, y eso qué. Si fuera hombre tal vez haría aquello, meterse al baño de mujeres a verlas por aquí, y ya que estamos aquí a verlas por allá. Les apreciaría el cuerpo, admiraría su belleza; pero no lo soy, solo soy una mujer, y para qué querría meterme en el baño de esos. Si camino siendo invisible la gente no me ve, así que a menudo se tropiezan conmigo, y la afectada soy yo. Si por accidente voy al baño en el mismo estado, no sé en dónde orino y termino limpiando todo el baño. Entonces no tiene muchos beneficios ser invisible. Sí, al principio es divertido, hacer bromas, nada personal: robar maquillaje, quedarme con la nueva línea de bolsas de Prada, no pagar en Victoria’s secret (y qué alivio) bajarle la falda a la tipa que me cae mal. Después de un tiempo ser invisible se vuelve inservible. Si quisiera ir al cielo no puedo, porque no puedo volar. Aunque no me vea, mis uñas postizas invisibles saldrían quebradas y no sabes cuánto tardé en conseguir ese color invisible. Aunque siempre he querido ver el cuerpo de la mujer maravilla sin que se me quede mirando feo o me haga preguntas incómodas. Ustedes me entienden ¿no? Ese cuerpo mmmhh, ese cuerpo no se ve ni en Playboy Mansion. Y ya que estoy en su casa ¿por qué no me pruebo su ropa? Y ya que la tengo puesta ¿Por qué no uso su baño? Ella no cree en fantasmas, ¡ah! Que rico huele. Si ya estoy cambiada y ya usé el baño ¿por qué no duermo con ella? La admiro toda la noche, sólo ella y yo.

- Arturo Torres

Tom & Jerry

Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\tomyjerry.jpg

Ese animal ha colmado mi paciencia. ¿Por qué –desde su llegada a esta casa- las cosas han cambiado tanto para mí? Quisiera saber de dónde proviene su maldad. Es tan pequeño y adorable… ¡Demonios! Sé que, algún día, he de devorarlo. Tarde que temprano. Hoy comienza de nuevo a hacerme fechorías: ha bebido la leche de mi tazón especial, el cual tiene bigotes dibujados y dice “Tom”.

Jerry es muy persistente y no me deja descansar. Yo, por mi parte, he intentado ignorarlo pero, sin obtener resultados. Mi dueña me hace correr tras de él con el propósito de hacerme “cumplir” mi función: atrapar ratones. Lástima que soy vegetariano o –más bien- detesto la carne. Es decir, si hay whiskas ¿para qué quiero más? Leche y comida para gatos son mis aliados en la lucha contra ese desgraciado roedor. Él ha planeado mi destrucción: le escondió a mi dueña la bolsa de whiskas. ¡Oh, no! Ella me obligará a buscar mi propio alimento. Voy a vengarme hoy mismo, hasta lograr su captura. He decidido usar queso. Sí, ese delicioso queso que lo hace bailotear por los aires.

Voy a poner un trozo en la trampa para ratones que tengo guardada y, lo pondré en la puerta de su madriguera. No cometeré errores, seré rápido y acertado. Todo bien planeado. Todo perfectamente planeado. Yo sé que no se lo espera. ¡Auch! No, él no espera morder mi cola enredada entre el queso y la trampa. Maldita sea.

- Andrea Gámez



Estaba sentado en su casa del árbol, el cielo era azul y los árboles frondosos. Él comía miel. Su boca estaba repleta de ese líquido pegajoso. Uno a uno los tarros iban acabándose, pero fue hasta la última gota cuando decidió levantar del troco donde estaba sentado. Winnie Pooh, traía una camisa roja y ningún zapato en los pies, sin pensar a donde iría ni en qué dirección se dirigía solo caminó. El osito bobito emprendió su aventura por más miel sin darse cuenta que no había cerrado su casa. Ya había decidido que iría a casa de Conejo por más de su delicioso dulce. Encontró a Piglet, el cerdito rosado. Venía huyendo de su miedo y cayó directamente a los pies de Winnie Pooh. Piglet se aferró a ellos y el osito desorientado cayó en el piso. La caída hizo que la felpa del osito se derramara, y las sombras de las figuras del relleno de Pooh volvieron a asustar al cerdito. Pooh le preguntó a Piglet sobre lo que ocurría, él le contestó que al buscar algo bajo en las repisas de la cocina encontró una figura negra, después de gritar un poco, siguió caminando y la figura negra lo perseguía. Piglet sin saber qué hacer había estado corriendo por horas tratando de deshacerse del pequeño Piglet negro que lo perseguía por el suelo. Pooh se asustó un poco al escuchar la historia, pero sabía que no podía mostrar temor frente a Piglet o él empezaría a hacer otro escándalo. Así que le propuso que visitaran al gran Búho.

- Paola

Ya es tiempo

Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\sgirl.pngEs hora. Si no empezamos ahora con nuestra revelación jamás lo haremos. Niñas de todo el mundo, yo sé que están de acuerdo conmigo. Es suficiente de que “ellos” tengan el mundo sobre sus manos. ¡Por favor! ¿Enserio creen que lo hacen todo por el bien? Yo sé que están planeando algo. Y nosotras somos las culpables porque los hemos dejado hacer lo que quieran por mucho tiempo. Digo, la mujer maravilla no puede hacer todo por sí sola, necesita de nuestra ayuda y por eso estamos aquí. Superman, Batman, Flash, Linterna verde, Capitán América, ¡Son muchos! ¿Y quién ayuda a la mujer maravilla? ¿Las chicas súper poderosas? ¡Eso no es suficiente! Así que yo les propongo salir a las calles y hacer lo que debimos haber hecho hace muchos años, quitarles a los niños su reinado de “súper héroes”. Solo véanlos, ¿de verdad piensan que ellos van a salvar el mundo? No pues por eso estamos cómo estamos.

Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\logominiescritos.jpg - Lourdes Patricia Ramos Corrales

Planeemos un éxito

El gato y el ratón. Esas dos criaturas que siempre han tenido rivalidad una con la otra ¿Por qué no hacer un cuento sobre ellos? No, cuentos no, en todo caso sería como una fábula y las fábulas hoy en día están algo pasadas de moda. Mejor un cómic. Sí, eso suena mejor. Un cómic en el que los protagonistas sean ese gato gris y aquel ratón café. El ratón se llamará Jerry y el gato será Tom. Y como los gatos no me gustan, le daremos más ventajas al pequeño Jerry. La comedia obviamente los involucrará a ambos; sin embargo, el ingenio vendrá de parte de Jerry, él se encargará de ver cómo le hace para evitar que Tom lo atrape. Será todo como una guerra en el interior de la sala o la cocina. No olvidemos que en la guerra todo se vale. Démosle armas también, cualquier electrodoméstico funcionará como instrumento de tortura: escoba, aspiradora, refrigerador, tostadora, ya se nos ocurrirá algo sobre la marcha. Podemos excedernos un poco, después de todo, esto es un cómic ¿Y a quién le gustan los gatos? A mí no, los ratones me caen mejor. El gato será quien haga el primer movimiento, así lo que siga será en defensa y el ratón no tendrá límites ¿No es asombroso? ¡Niñas y niños adorarán a Tom y Jerry! Así que mis queridos colegas, ¿qué opinan?

- Maricruz Castañeda Lafarga

Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\separadormaricru.png

La liga de la ¿Justicia?

Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\justice league.jpg

- No lo puedo creer – Dice Susana mientras mira al Hombre-Halcón alejarse por su ventana.

- No lo puedo creer- Repite mientras sigue con la vista el vuelo de su adorado mutante.

- De plano otra vez este idiota se fue sin despedirse. Lo dicho… ¡no lo puedo creer! Todo es que le suene su dichoso beeper de la Liga de la Justicia para que este imbécil salga volando… ¡literal! ¡volando!

Y cuántas veces no hemos discutido ya por ello. Cuántas veces no le he dicho que a su “novio” Superman no va a pasarle nada porque se tome un segundo para despedirse como la gente decente.

¡Hombres! No importa cuántos poderes les pongas, en el fondo todos son igual de Neandertales: si sus amigos les hablan, corren con ellos. Lo dejan todo y corren con ellos.

Sinceramente creo que la Liga de la Justicia podría arreglárselas de vez en cuando sin él.

Además, ¿yo por qué no puedo ir? ¿Por qué la Mujer Maravilla sí puede y yo no?

- Georgina González Mendívil Descripción: C:\Users\Alan\Desktop\Escritos pal blog\SeparadorGeo.png

lunes, 21 de marzo de 2011

Noches de carnaval


El Carnaval








Un mundo de colores, un mundo de sabores, una dimensión desconocida… todo el mundo unido en un mismo lugar por una misma razón. Una fiesta del pueblo, o de cualquiera que sea tu comunidad. Al entrar te olvidas de todo lo que hay fuera, de todos los recuerdos, de todas las amarguras. Ves a todo mundo riéndose con sus amigos, pero tú no necesitas a tus amigos en este momento. Quieres estar solo, sin embargo eso no significa que estés solitario. Todo pasa tan rápido y a veces te marean varias cosas; el olor a comida, las personas corriendo de un lado a otro, en fin, todo aquello que se encuentra en ese lugar donde todos desean estar. Esperan a que la reina o la princesa salga vestida con un vestido hermoso y salude a todos los que votaron por ella, porque ellos la escogieron, y éste es su día. Nadie tiene idea de lo que compran en ese lugar, de lo único que están seguros es que aquel alimento ensartado en un palito antes se movía y ahora tiene una salsa extraña, pero aún así, está exquisita. Las personas corren y otra vez el olor a comida no te deja en paz. Todos van a sus puestos, a buscar un lugar donde ver mejor. Los niños pequeños traen algodones de azúcar enormes y van riendo tomados de la mano de sus padres. Es melancólico recordar cómo eras tú a esa edad, tener miedo a perder a tus padres de vista, por lo cual nunca soltabas sus manos. Algunos niños llorando porque sus padres no quieren comprar más jabón para hacer burbujas, u otro carrito pues perdió el que le acababan de comprar, posiblemente fue abandonado en el puesto de palomitas. Todo mundo ríe. Los fuegos artificiales están por comenzar, te paras cerca de el camino y ves a los carros pasar. Primero uno lleno de flores, otro de colores, otro que parece tener sabores, está lleno de dulces gigantes y al final el carro de la reina del carnaval. Porque ahí es donde te encuentras, en el carnaval…un mundo de colores, un mundo de sabores, una dimensión desconocida, todo mundo unido en un mismo lugar por una misma razón.

- Constanza Duarte

Al calor de la noche







La música, el calor corporal, el dulce licor que corre por mis venas. Solo me dejo llevar por la estridente melodía de sonidos electrónicos acompañados de una letra que no me interesa comprender. Únicamente me interesa divertirme, alocarme; desprenderme de la razón para darle paso al animal mi interior. Eso somos todos los aquí presentes, somos unas bestias que solo les importa la atracción, el placer y el deseo… ese deseo que nos desinhibe, ese que es inmenso por el placer. Quiero gozar al bailar y moverme sin control. Dejaré mi tímido ser en casa, mis miedos, mi inseguridad y me sumaré pecados. Rozar cuerpos con el mío, sin importar nombres, educación ni sexo. No quiero más que bailar, quiero sentir esa magia y al menos por esta noche no saber de mí.

- Alan Michel Romero Diez Martínez


De máscaras a máscaras







Él dice que no le gustan las máscaras, que la gente se esconde tras ellas y que termina ocupándose más de las máscaras que de las personas mismas.

Por eso, no le gusta el carnaval.

Y yo me pregunto si su actitud no es, finalmente, otra máscara… una de esas que están tan bien hechas que hasta parecen humanas. Así que no sé si él es ese iluminado que ve al mundo en todo su descarnado valor, o simplemente el que porta la máscara del intelectual, del último profeta que lanza su dedo flamígero contra todos los demás.

- Georgina González Mendívil.